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VIADUCTO DE MARTIN GIL

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El Viaducto Martín Gil, es uno de los viaductos situados sobre el río Esla en el paraje conocido como “Los Cabriles”, siendo éste ya parte del embalse de Ricobayo, entre los pueblos de Palacios del Pan y Manzanal del Barco (Zamora). Este viaducto es uno de los más espectaculares de España y fue el mayor viaducto del mundo de arco hormigonado en el momento de su construcción, con una luz libre de 192,4 metros, 209,8 m de luz teórica y una flecha de 63 m.

La construcción de este puente ferroviario era necesaria para acortar en 60 km la línea del ferrocarril que unía en los años 1930 Orense y Zamora. El proyecto fue ordenado el 17 de noviembre de 1929, siendo aprobado el de Francisco Martín Gil, tras una serie de modificaciones, el 30 de septiembre de 1932. Tras la licitación y adjudicación de las obras, éstas comenzaron el 1 de octubre de 1934. En 1939, tras el final de la Guerra Civil española, el ingeniero Eduardo Torroja fue nombrado el responsable de la obra. A pesar de que el ingeniero Martín Gil falleció antes del inicio de éstas, el viaducto tomó su nombre.

Las obras finalizaron en noviembre de 1942, 8 años después del comienzo de las mismas. A pesar de esto, el viaducto no entró en servicio hasta 11 años más tarde, en 1953, cuando se terminó la construcción del nuevo trazado del ferrocarril.

Participaron en su construcción cientos de obreros de los pueblos cercanos y venidos de otras partes de la provincia, de Asturias, Portugal, Galicia, Extremadura o Andalucía.

En sus aledaños, en el lado de Palacios, se llegó a construir un poblado para los obreros foráneos que participaban en sus obras, que hasta la llegada de la Guerra Civil poseía agrupaciones sindicales (CNT y UGT).

La construcción resulta de una belleza singular e impresiona por su espectacularidad, pues los trenes resultan insignificantes ante la magnitud del viaducto. Así mismo, el entorno y lo inaccesible del lugar ponen en evidencia los obstáculos que hubo al construir la obra, ya que, además de la dificultad técnica que suponía construir un arco de más de 200 metros, había una complicación logística para mantener a los trabajadores de la obra, pues se produjeron 90.000 jornales durante los 8 años que duró, para llevar todos los materiales necesarios, y detalles como, por ejemplo, mantener el hormigón caliente durante el frío invierno, para que fraguase sin problemas.

A día de hoy, este viaducto, que sigue en pie y en funcionamiento suele ser un punto digno de visita para estudiantes de caminos, canales y puertos por su bóveda central e incluso para aficionados a los ferrocarriles por su belleza y magnitud.

Foto: Jorge L.C.

 
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